Una hija de Manhattan.
Gertrude Caroline Ederle nace el 23 de octubre de 1905 en el Upper West Side de Manhattan. Sus padres, Henry y Gertrud, son inmigrantes alemanes del pueblo de Bissingen en Württemberg — Henry tiene una carnicería en Amsterdam Avenue, donde también vive la familia. Trudy crece entre seis hermanos, el estruendo de los tranvías bajo la ventana y las canciones alemanas que su madre canta mientras cocina.
En verano, la familia viaja a Highlands en la costa de Nueva Jersey. Allí tiene lugar el primer punto de inflexión de su vida: a los siete años, Trudy cae al agua y no puede salir por sí misma. Sobrevive — apenas. En muchos niños, esto habría dejado una fobia. En ella, deja una decisión.
Henry le ata una cuerda a la cintura y la deja saltar del muelle una y otra vez. Aprende a nadar negándose a parar. A los trece años se ha unido a la Women's Swimming Association of New York, uno de los pocos lugares de la ciudad donde las chicas pueden entrenar en serio. Charlotte Epstein, la presidenta de la WSA, y Louis Handley — un pionero del crol americano — se convierten en sus entrenadores.
A los diecinueve años posee 29 récords mundiales y nacionales de aficionados. La prensa estadounidense ha empezado a conocer su nombre. Pero son los dos veranos siguientes los que lo cambiarán todo.